27 abr. 2012

MALTRATO PSICOLÓGICO: VIVIR CON EL SENTIMIENTO DEL MIEDO


VIVIR CON EL SENTIMIENTO DEL MIEDO

¿Es normal que sienta tanto miedo?, se preguntan la mayoría de las víctimas de acoso laboral. El miedo es, en mi opinión y tal como lo he vivido y aún vivo, el sentimiento destructivo que más perdura en el tiempo, llegando casi a cronificarse. Muchas veces sentimos miedo ante acontecimientos que suponen una amenaza para nosotros, pero una vez desaparecida tal amenaza, el miedo ha quedado disipado. Realmente es una defensa natural de nuestro cuerpo ante situaciones de peligro. No ocurre, sin embargo, lo mismo cuando uno ha estado sometido a violencia psicológica: el miedo perdura y perdura y parece que no quiere desaparecer de nuestras vidas. En otras palabras, aún estando “lejos” y apartados del peligro, no lo apreciamos como tal y sigue siendo una amenaza para nosotros. Simplemente el hecho de acercarse al que era nuestro lugar de trabajo ya nos produce unas sensaciones desagradables; eso sí, cada vez con menos virulencia pero sin desaparecer completamente durante al menos, un largo periodo de tiempo.  

MIEDO, MIEDO Y SIEMPRE MIEDO
Cuando te acuestas por la noche, sabiendo que al día siguiente has de presentarte en tu trabajo, el miedo ya hace su presencia, de tal forma, que las pesadillas y el sueño inquieto y nervioso se hacen tu “aliado”.
Te levantas sudoroso/-a y el único sentimiento que ronda por tu cabeza es de nuevo el miedo. Miedo ante tu/s acosadores, miedo ante lo que va ocurrir, pues en el fondo sabes perfectamente que algo te harán, miedo a tus propias reacciones ante los actos de maltrato y ¿cómo no?, miedo a perder tu puesto de trabajo.
En definitiva, el miedo no te abandona e irrumpe incluso ya en tu hogar, en lo que siempre ha sido tu rincón de paz y seguridad.
Cuando al fin logras salir de este entorno de trabajo infernal, tu primer sentimiento es de alivio y piensas que al fin tus miedos se despedirán definitivamente de tu vida. Pero no, desgraciadamente no es así.  Si tu médico de cabecera te ha extendido una baja (ILT) en tu cabeza no deja de rondar el pensamiento: ”¿la próxima semana me dará el alta?, ¿tendré que volver a ese infierno?” En definitiva, seguimos teniendo miedo.  Si hemos sido despedidos, probablemente nuestro primer sentimiento sea: “Nunca más tengo que volver. Adiós al miedo”. Pero no, no ocurre así, el miedo nos sigue oprimiendo con sus garras y no tiene intención alguna de soltarnos. Es un miedo a recordar, a hablar, a revivir esos momentos en tu mente. Es un miedo que nos hace actuar de forma irracional: nos prohibimos acercarnos al lugar donde hemos trabajado, construimos una especie de muralla que nuestro miedo no nos permite cruzar.  Simplemente el pensar que algún día, por cualquier causa, tengas que acercarte a la “zona cero” ya bloquea tu cuerpo y tu mente.  Tratas de evitar a toda costa cualquier lugar que te pudiera hacer recordar y te intentas refugiar en una burbuja de cristal, buscando constantemente protección. No obstante, esta burbuja de cristal se rompe con demasiada frecuencia, y el miedo consigue entrar en la misma: un olor determinado, una frase, un tipo de vestimenta, una marca de coche etc. etc. etc., hacen que los odiosos recuerdos vuelvan a tu mente y tu cuerpo vuelva a reaccionar: sudores fríos, dolores de estómago, sensación de mareo, temblores… 

¿CÓMO AFRONTARLO?
Afrontar y superar este miedo es cuestión de mucho tiempo y ponerse en manos de buenos profesionales.  No tenemos que esperar ningún milagro. Las “lesiones emocionales” tardan mucho más en cicatrizar que las físicas.  Una vez más la perseverancia y la adquisición de un compromiso con nosotros mismos serán nuestros fieles aliados.
Los ejercicios de relajación y, entre ellos, de respiración ayudan a controlar y aliviar la tensión.
Y, por último, identificar el problema, aceptarlo y hablar sobre ello con personas que hayan sentido o sientan lo mismo ayudan a sentirse comprendido y desahogarse y son, por tanto, también buenas terapias.