2 nov. 2011

TODA EXPERIENCIA NEGATIVA TIENE UN LADO POSITIVO: BUSQUÉMOSLO

Tenemos una tendencia a quedarnos con la parte negativa, con aquello que nos ha herido.  Tras haber sido víctimas de acoso, ¿cuáles han sido nuestros primeros sentimientos?  Impotencia, ira, culpabilidad, duda etc. etc.
¿Quién no ha pensado que lo ha perdido todo? Y es cierto, hemos perdido mucho:
-En salud, quien más quien menos ha sufrido alguna secuela no sólo psíquica (depresión, ansiedad…), sino también física. Algunas, incluso, quedarán de por vida.
-Económicamente, también hemos perdido. Si estás en situación de ILT, probablemente tu nómina mensual se haya visto drásticamente menguada.  Si vuelves al trabajo, esta parte estaría solucionada, pero sigues en ese ambiente que tanto daño te hizo. Si aún no eres capaz de volver a trabajar, con suerte podrás cobrar el paro y posteriormente el subsidio de desempleo (ayuda familiar). Pero esto se acaba y luego…
-Justicia: en muy pocos casos se hace justicia. Por los caminos legales es muy complicado, aunque por fortuna cada vez hay más casos que obtienen resultados positivos. A nivel personal, no conozco ningún caso que abiertamente haya podido decir: “se ha hecho justicia”
Puesto que esto es así y no podemos cambiarlo, nos toca hacer el cambio en nosotros mismos: 
¡HAGAMOS UN GIRO DE 180º!
A mí, particularmente, me ha servido de gran ayuda dirigir mi mente hacia la búsqueda de algo positivo que haya podido obtener de esta experiencia.  Os pongo un ejemplo personal:  A raíz del acoso dejé de comer y enfermé de anorexia nerviosa. Acabé ingresada en la Unidad de Trastornos de la Alimentación, durante un largo periodo de tiempo: literalmente encerrada, aislada, lejos de mis niños y mi marido etc. En aquellos momentos sentía una impotencia y un dolor terrible, imposible de plasmar en palabras, y pensaba: “encima que me han maltratado en la oficina, soy yo la que estoy aquí encerrada y ellos están fuera, libres, disfrutando de la vida”. Al cabo de algún tiempo, mentalmente le “di la vuelta a la tortilla” y empecé a analizar todo lo que la vida me regaló en esos momentos: amigos incondicionales (que lo serán para toda la vida), el inmenso cariño de muchas personas de las que no esperaba nada, la sabiduría de poder entender los sentimientos de personas enfermas de un trastorno alimentario,  la posibilidad de reconocer unos primeros síntomas en personas que forman parte de mi vida…
¿Cuántas cosas no tendría ahora, si no hubiera vivido esta experiencia?
Gabriela Acedo Emmerich

4 comentarios:

yonblo dijo...

La fuerza de vivir no es igual en todas las personas, por desgracia, pero tu ejemplo sirve para ayudar a quienes creen poco en sus esperanzas. Felicidades y gracias por tu blog. Hasta luego.

Gabriela Acedo Emmerich dijo...

Gracias Yonblo!

Rafa dijo...

Buen texto Gabriela !!!

Gabriela Acedo Emmerich dijo...

Gracias Rafa!!!